A la mañana siguiente, Viola llamó a Rafael y le explicó todo lo que estaba pasando. Aunque Rafael siempre había mantenido cierta distancia con sus hermanos menores, esta situación lo enfureció. Nadie tenía derecho a intimidar a Sofía, y mucho menos por resentimiento hacia su madre.
—Hoy recogeré a Sofía de la facultad —dijo Rafael, con un tono que no dejaba lugar a discusión—. Es hora de que esas personas entiendan quiénes somos.
Viola sonrió, satisfecha. Sabía que Rafael, con su presencia impo