Raffil, con Victoria en brazos, salió de la oficina con una sonrisa que iluminaba el pasillo. Ella se sintió, como si estuviera flotando, la calidez de su abrazo, haciéndola olvidar las preocupaciones del día. Mientras caminaban hacia el ascensor, sus risas resonaban en el aire, ajenas a todo lo que ocurría a su alrededor.
Sin embargo, al girar la esquina, se encontraron con Carla, quien no pudo evitar sentir una punzada de rabia al ver la escena. La imagen de Raffil sosteniendo a Victoria, con