Victoria salió de la oficina visiblemente alterada, con la mirada perdida y el corazón hecho pedazos. Al chocarse con Raffil y los demás empleados, su reacción fue de pura desesperación. Raffil intentó detenerla agarrándole el brazo, pero ella se zafó con una fuerza inusual, como si estuviera poseída por una determinación inquebrantable. Con los ojos enrojecidos por las lágrimas, su semblante reflejaba una mezcla de dolor y furia.
"¡No me toques!", exclamó con voz temblorosa, dejando a todos des