Annette abrió los ojos muy temprano, ese día cumplía 19 años.
Un año había pasado desde que su vida había cambiado drásticamente, no comprendía cómo había sido el destino tan caprichoso con ella, de ser una niña pobre que vivía en una cabaña con las mínimas condiciones a conocer a un hombre que la ayudó sin ningún tipo de obligación y la convirtió en la gerente de la fábrica de chocolates más famosa de Bélgica, además lo más importante era que el amor había tocado su puerta, de había enamorado