Al día siguiente, Tristán y Annette siguieron con su trabajo intentando no pensar en Ornella pero no era nada fácil, especialmente para Annette que todavía no comprendía muchas cosas y aunque no lo decía estaba celosa, pensaba en las noches alocadas que Tristán pudo haber tenido con esa muchacha de cabello largo negro y la cegaba, su corazón no quería sentir esos celos enfermizos pero los sentía y los sentía con mucha fuerza.
- ¿En qué piensas, mujer? – preguntó Margareth al entrar a su despach