Atención: este capítulo puede contener escenas que puedan herir la suceptibilidad del lector.
Durante todo el día Evan la dejó tranquila. No apareció, no la buscó, no mandó ni un mensaje. Abby flotaba en ese silencio pesado de la casa, con el cuerpo todavía sensible de la noche anterior, la piel oliendo al protector solar que encontró, cloro y sal marina. Sin ropa que ponerse, se había puesto la bata de seda blanca, la dejó abierta por delante y bajó a la piscina. El sol del mediodía le pegaba