Mundo ficciónIniciar sesión— Ya que no me aceptaste la invitación me tomé la libertad de reservar para hoy a las ocho en un lugar para cenar — le dijo él con la seguridad de un macho que siempre obtienes lo que desea.
— ¿Queee??? Tú debes de estar loco — respondió ella y le cortó sin más. Ese hombre se pasaba realmente.
Sintió el teléfono un par de veces más pero no atendió y fue a bañarse. Llevó sus cosas al baño, se desvistió recordando sin poder evitarlo el toque de Matt. Llevó su mano a su entrepierna y se frotó su clítoris. Se sentó en la tapa del vater y cerró los ojos imaginando que era su dedo... así acabó de nuevo. Quedó temblorosa y con una sensación rara. No quería desear a ese hombre que se tomaba atribuciones con respecto a su vida y su cuerpo.
Abrió la ducha y se metió. Desenroscó la tapa de su shampoo favorito, se puso un poco en la mano y lo esparció por su cabello para luego masajear bien su cuero cabelludo mientras dejaba que el agua corriera por su cuerpo esperando también que lavar el toque de ese hombre así como los sucios pensamientos que quedaron rondando por su cabeza.
Repitió dos veces la operación del shampoo y luego hizo lo propio con el acondicionador.
Luego se enjuagó desenredando su cabello con sus propios dedos y apagó el agua. Tomó una toalla cara, regalo de su madre, y se envolvió con ella. Se miró en el espejo. Si era bonita, pero estaba lejos de ser la clase de mujer que Matt Jones frecuentaba. Se puso un poco de crema que esparció sobre su cuerpo, sus senos...los mismos lugares que había tocado ese hombre. Luego desodorante y un toque de su perfume favorito. Se puso su ropa interior y pijama, dejó la toalla húmeda a un lado y agarró el secador con difusor para su cabello. Lo secó por un rato y cuando lo apagó se dió cuenta de que él teléfono estaba sonando. Maldito mujeriego que no se daba por vencido, pensó con cierto fastidio.
Cuando el teléfono dejó de sonar fue un alivio increíble. El alma le volvió al cuerpo.
Estaba comiendo lo que había calentado, ya más tranquila, cuando sonó nuevamente y ya atendió agotada de escuchar su pitido
— ¿Que carajo quieres Matt? — dijo de mala manera.
— Hey que pasa, ¡soy Pablo! — Pablo era un chico que había conocido cuando estaba estudiando. Lo suyo no funcionó pero habían quedado como buenos amigos. Y de vez en cuando hablaban o se veían aunque ella no sentía nada más por él que un genuino aprecio. Siempre había sido muy respetuoso con ella...no como otros...
— Ay. Perdón...es un nuevo socio de mi padre, el típico playboy que no acepta un no por respuesta que no paró de buscarme hoy y ya me tenía aturdida con sus llamados...— respondió ella revelando la verdad a su amigo.
— Debes de tener cuidado con esa clase de hombres...— le advirtió Pablo.
— Lo sé, pero por alguna razón mi padre me lo está adosando... qué extraño saber de ti, hace un tiempo que no hablábamos...— le dijo cambiando de tema. Ya había tenido suficiente de Matt Jones por un día.
— Quizá me invadió la nostalgia...
Ella rió sin poder evitarlo. En el fondo sabía que él siempre había querido seguir y ella fue quien cortó la relación en definitiva.
— No seas malo...me quieres hacer sentir culpable...
— ¿ Y lo logro?
— Mmmmm
— Cena conmigo para expiar culpas...— le ofreció él.
Ella se sentó en la cama y sonrió. Pablo había sido primero su amigo...y era un gran amigo, solo que le faltaba como una chispa, algo más que ella buscaba y no encontró con él para transformar su relación en una de otro tipo.
— Acabo de rechazar la invitación de este hombre, ¿porqué aceptarían la tuya?— preguntó ella intrigada por su respuesta.
— Porque me conoces, te conozco y nos tenemos cariño mutuo...
Eso era verdad .Ella suspiró. Estuvieron charlando un buen rato y luego cortaron la comunicación. Comerían al día siguiente. Ella había aceptado la invitación de su 'amigo'.
Brandy finalmente se metió en la cama como quería, con la tablet para revisar un par de cosas, cuando se vió interrumpida por el golpe en la puerta, ¿y ahora qué? ¿sería el encargado porque otra vez su baño perdía agua y estaba mojando al piso de abajo?.
Ella se levantó en su pijama de Victoria Secret, que era como una camiseta grande y fue a la puerta.
— ¿Quién es??? — inquirió de mala gana.
— Soy Matt — le respondió la voz masculina al otro lado de la puerta.
¿Matt??? No podía creer el atrevimiento de ese hombre para presentarse en su casa, y ¿ quién lo había dejado subir?
Finalmente le abrió la puerta con cansancio.
—¿Se puede saber cómo subiste? — interrogó ella de brazos cruzados.
—Le dije al encargado que era nuestro aniversario — le dijo sacando una botella de vino y un ramo de flores de su espalda.
Contra su voluntad tomó la botella...m****a, era un vino caro.
— Ufff pasa...— ese hombre le ganaba por cansancio.
Él sonrió satisfecho por su victoria y entró.
— Tienes un lindo lugar aquí — dijo mirando hacia todos lados mientras la seguía a la cocina.
— Gracias, lo decoré yo...— dijo ella al pasar.
Brandy tomó las flores de sus manos, rosas rojas, que original el galán pensó irónica. Agarró un jarrón de una alacena , le puso agua y las acomodó bien.
Luego las puso en un sitio estratégico en el living, dónde lucirian mejor.
Después volvió a la cocina, él estaba apoyado cruzado de brazos observando toda la operación. Ella sacó dos copas y el destapador que le extendió a él, para el vino.
Él le quitó el tapón a la botella, y también sirvió las copas.
Fueron al living y se sentaron en el sofá.
— Tú no conoces un no como respuesta ¿no? — dijo ella luego del primer sorbo.
— Si así fuera no hubiera llegado tan lejos partiendo desde donde lo hice. Lamentablemente no tuve un origen tan privilegiado como el tuyo querida...— el alzó su ceja y sonrió enigmático.
Entonces le contó de su familia en Queens, de su hermana y de la beca que consiguió con mucho esfuerzo.
Ella lo escuchó mientras el vino la relajaba, ya que apenas había comido.
Dejó la copa en la mesita , después de un rato, y él hizo lo mismo.
Matt se acercó y acarició su rostro. Le dió un beso que empezó de modo dulce y se fue profundizando de una manera muy erótica pero ella ya no tenía voluntad ni ganas de detenerlo.
De tal manera que él terminó sacándole su ropa de dormir. Empezó a atacar sus pechos, se metió uno en la boca y lo chupó. Succionó su pezón llenándola de deseo mientras bajaba sus bragas sin perder tiempo
Llevó su mano a su entrepierna y comenzó a acariciarla. Tocó su clítoris y luego se dirigió a la humedad entre los pliegues de sus labios vaginales, los abrió.
— Eres hermosa — dijo con voz ronca mientras la observaba. Ella tenía los ojos cerrados y gemía.
Le metió dos dedos y comenzó a masturbarla mientras ella se contorsionaba bajo él.
Brandy sentía un calor terrible invadiéndola mientras una sensación conocida se formaba en su bajo vientre. Él aumentó el ritmo y ella alcanzó el orgasmo una vez más. Mientras aún temblaba sintió algo empujando en la entrada de su vagina.
Matt, que vió su oportunidad, no perdió tiempo ni a sacarse la camisa informal que tenía.
Bajó su bragueta , sacó su pene erecto y comenzó a frotarlo sobre el orificio vaginal de la chica.
Estaba tan excitado, colocó su verga en la entrada de su agujero para penetrarla pero de repente ella se alejó de él y lo miró asustada, ¡qué m****a!
Ella se colocó el pijama rápidamente y se alejó todo lo posible de él intentando recuperar el aliento. Casi pierde la virginidad con ese playboy arrogante en el living de su casa, incluso en su sofá, ¿en qué m****a estás pensando Brandy?. Se reprochó a sí misma.
Él no era un hombre que luego se preocuparía por ella. La dejaría desechada como trapo viejo e iría por la siguiente. Y ella quedaría...mal por todo ese suceso. Ella no era de las chicas que se tomaban el sexo con un desconocido a la ligera.
— ¿Se puede saber de qué se trató todo eso? — preguntó él con una furia apenas contenida.
— Tú, no aceptando un NO por respuesta...no se para qué viniste Matt...o mejor dicho, si lo sé exactamente...— dijo enojada ella.
Él se acercó y la tomó de los brazos con enojo.
— ¿Encima estás enojada? — dijo él y la besó con rabia dejándola como un flan.
La abrazó y la apretó contra su dureza y se frotó contra ella, que lo empujó.
— Basta, no quiero... — murmuró como pudo.
Él trató de recuperar la cordura, la mujer pensaba dejarlo caliente. Increíble, pensó. Eso no le pasaba desde que era apenas un niño...
— Yo no puedo creerlo, no me hacían esto desde que era adolescente...
— Pues no lo siento...esto no hubiese pasado si hubieras aceptado mi negativa inicial...— respondió ella y se cruzó de brazos.
Él asintió y la miró de arriba abajo
— Eres una maldita niña malcriada y caprichosa — espetó él.
— Solo vete de una vez...por favor...— ya estaba agotada ese día.
El tomó su chaqueta furioso.
— Claro que lo haré, no estoy para éstos jueguitos infantiles, puedo tener cinco mejor que tú...— espetó con la rabia de un niño al que le quitan su juguete favorito.
Ella se llenó de rabia también.
— Pues ve y ten una maldita orgía, pero sal de una vez por todas de mi hogar...
Ella se acercó a la puerta, la abrió, él le echó una última mirada y salió.
Brandy cerró con un portazo y se apoyó en la puerta, mientras intentaba controlar el ritmo alocado de su corazón.







