—- Rebeca, sabes cuanto te quiero, tanto que hasta daría mi vida por ti, te amo señora Sullivan — me dijo mientras me ponía el anillo en el dedo anular.
—- Mario te amo y la prueba de mi amor por ti, está dentro de mí y es nuestro hijo, te amo Señor Sullivan- le dije mientras le ponía el anillo en su dedo anular.
—- Pues bien, con estas declaraciones de amor, yo os declaro, marido y mujer, que seais muy felices — terminó de decir el sacerdote.
Hubo gritos, aplausos de todos los empleados de la