Entre dentro de la casa, pues fuera en el jardín me estaba quedando helada de frío, cuando entró Mario me cogió del brazo susurrandome en el oído.
—-- Sería mejor para ti si te despides de tu madre y nos marchamos a casa —- me susurro.
Me quedé un momento mirando a mi marido, viendo mucha furia en sus ojos, así que me acerqué a mi madre para despedirme de ella.
—- Rebeca hija, ¿no os queréis quedar a comer con nosotros? —- me pregunto mi madre.
—- No mamá, es mejor que me vaya y repose en casa