Mario subió conmigo en sus brazos hasta el dormitorio, entramos dejandome en la cama, pero yo aún seguía rodeando su cuello con mis brazos mirándonos los dos fijamente.
—--¿Qué quieres Rebeca? no me hagas esto, sabes muy bien que no puedo resistirme a ti cuando miras así, aunque aun no comprendo cómo te has dejado manipular por ese, viejo baboso —- me comentó.
—-- En cuanto me dijo que podías volver a mi, no me lo pensé dos veces, Mario te he echado tanto de menos, que cuando te casastes con Ka