Me tuvieron todo el día atada a una silla atemorizada, porque cada uno de los que me secuestraron, al pasar por mi lado me miraban con una sonrisa llena de lujuria y eso me daba mala sensación. En la noche me soltaron las manos, me hicieron comerme una especie de sopa.
—-- Hola muchachos, ¿ya ha hablado la zorra? no tengo más paciencia —- escuche una voz conocida.
—- ¿Usted? ¿ha matado a su hijo, para que? ¿por la herencia? — pregunte furiosa.
—- Si, y ¿sabes que? como no me digas donde dejó