Capítulo 8
Después de dejar ese hogar, regresé al lugar donde crecí de pequeño y me encontré con algunas personas conocidas.

Pero ellos ya no reconocían que yo era aquel lobato solitario y desamparado que sobrevivía rebuscando entre la basura.

Solo sabían que venía de una gran manada, que era una entrenadora excepcional.

Con el dinero que mi padre me había dado, establecí un campo de entrenamiento para lobatos en esta pequeña manada.

Aquí, las sonrisas de los lobatos y la sencillez cálida de la manada me e
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