David no logró convencer a sus padres, entonces fue a mi casa para rogarle a los míos.
Era Ana quien le abrió la puerta.
Al verlo, Ana extendió los brazos para que David la cargara, pero él no estaba de humor para eso.
Le acarició el pelo y le indicó que jugará sola.
El salón estaba desordenado, lleno de cosas que ya no querían.
Entre el caos, David distinguió las cortinas de gasa lunar que había elegido yo, amontonadas junto a la basura.
Las observó detenidamente, confirmando que eran las que c