Abrió la puerta poco a poco y mientras lo hacía el calor de la tina del baño golpeo su rostro como si estuviera en pleno desierto. Había tanto vapor que tuvo que esperar a que se dispersara para observar que diablos estaba pasando en el interior.
Volvió a escuchar el gruñir solo que, en esta ocasión, contemplo con sorpresa que aquel quejido propio de un animal lo había hecho, aquel tipo que ella había curado. El hombre estaba metido en el agua caliente que no dejaba de emitir vapor, de hecho,