Marla seguía temblando ahora de frío, su calentura había disminuido, eso sintió Abel al palpar su piel húmeda. La cubrió con la toalla y la llevó hasta su habitación.
—Recuéstate un poco, voy a prepararte un té de limón. —dijo él, y ella lo sujetó del brazo.
—No te vayas, tengo frío, necesito que me abraces. —Abel exhaló un suspiro, aquello sería un punto de inflexión para él si cedía a la petición de Marla— ¡Por favor! —le suplicó ella, sujetando su mano y apartándose hacia el centro de la