Nueva York, 29 de marzo de 1930.
La boda de David Hamilton y Sarah Wade, era, después de la boda de Blake y Maddie, otro de los grandes acontecimientos que sucedían dentro del círculo aristocrático neoyorquino. Toda la crema innata del lugar estaban allí presente. Todos menos los recién casados, que, por razones obvias, no participaba.
Mientras terminaba de ajustarse su traje, el joven David Hamilton se miraba al espejo, pensativo. Sabía que estaba cometiendo el error más grande de su vida,