Madelaine, había hecho silencio ante la partida tan rauda de su esposo, pero no por eso, no dejaba de sentir una gran molestia. Algo que le oprimía con gran pesadez el pecho. ¿Dónde iba a esa hora? ¿A quién tenía que ver?
_ Una reunión, si claro, ¡cómo no! _ se cruzó de brazos y se recostó contra el respaldo de la cama _. Estoy segura de que va a ver a esa víbora de Rose _ dijo apretando sus puños con fuerza _. Uff, ¡los odio! Ah, pero de mí no se van a burlar.
De pronto, una gran incertidumbre