— Señor Stanton —le avisó su secretaria, dejándole unos documentos sobre el escritorio al abogado—. Aquí le dejo los papeles que me pidió del caso Russell. Ah, afuera hay un hombre esperando hablar con usted.
Patrick dejó de leer y la miró con extrañeza.
— ¿A esta hora? —miró su reloj—. Es tarde, dile si puede venir mañana. No tengo ganas de recibir a nadie, dale una cita, por favor.
La mujer se encogió de hombros.
— Es que ya se lo he dicho, pero insiste en verlo. Me dice que debe entregarle a