Madelaine conocía muy bien a Blake; mejor que nadie, podía leer incluso los más pequeños cambios en su expresión. Notó cómo su mandíbula se tensaba, cómo su mano, que momentos antes acariciaba con ternura la suya, ahora se cerraba en un puño. No tuvo que preguntarse mucho qué era lo que lo había alterado.
Siguiendo la dirección de su mirada, descubrió al causante: Patrick Stanton. Él estaba al otro lado del salón, sosteniendo una copa de champaña con su habitual aire de confianza. Al verlos, e