En ese último tiempo, Blake había logrado sortear diferentes obstáculos y, como él lo veía, la suerte le seguía sonriendo. Al menos, eso era lo que quería creer. Tenía todo lo que jamás hubiera soñado: era exitoso en los negocios, estaba casado con la mujer a la que amaba hasta la locura y, lo mejor de todo, ella le daría un hijo. Su felicidad parecía plena, tan perfecta que apenas se atrevía a mirarla de frente, como si temiera que, al hacerlo, el encanto se rompiera. No podía pedir más, se de