El sonido de la puerta cerrándose resonó suavemente en la penumbra del lujoso apartamento. Blake no dijo nada; no era necesario. Sus ojos hablaban por él, oscuros y ardientes, iban sosteniendo la mirada de Maddie como si fuera lo único que importaba en el mundo.
La joven sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero no era por el frío. Era por la forma en que Blake avanzaba hacia ella, como un depredador que acaba de acorralar a su presa. Su respiración se volvió errática, y el aire entre e