Capítulo 20. El rescate
—Estás equivocado si piensas que entraré de forma voluntaria en ese auto —sentenció Elena. Estaba aterrada, pero el miedo la enfadaba aún más.
—Mira, amorcito, te lo advierto, no me hagas perder la paciencia. Si no entras por las buenas y me dices dónde carajo está el idiota con el que andabas, te haré tragar toda tu rabieta.
—Haz lo que quieras, pero no voy a entrar y no te voy a decir nada.
Elena se enfrentó con valentía a sus verdugos, decidida a luchar hasta el final. El hombre la miraba co