PRISIONERO DE TUS LATIDOS. Capítulo 2.
Samara había saltado del caballo como solía hacerlo, pero había olvidado que Kirill era un tipo que pecaba de caballerosidad excesiva.
Por lo que en cuanto hizo el amago, la ayudó, para caer con más delicadeza de lo que cualquier otro jinete en ese lugar.
__ Acabas de doblar tu tobillo y pensabas caer sin ningún tipo de estructura firme, inconsciente. - la regañó, ella sacudió sus manos y le restó importancia.
__ Estoy en mi campo. Aquí no fallo en nada. - se jactó entregando el caballo a su