Eva y Maya caminaban por los balcones. La condesa había ido a buscar dos tazas de té y algunos bocadillos para intentar matar la tensión y la espera, quería hablar a solas con su amiga, que debía estar preocupada.
—Debí ir con él, prometimos que no nos volveríamos a separar e igual lo hicimos. —dijo Maya, tomando un sorbo de te a pesar de que seguía casi hirviendo.
—Ten cuidado. —advirtió Eva, al ver que podía quemarse la garganta. —Tranquila, Seth es un buen explorador, no le pasará nada, maña