Los soldados se desplegaban rápidamente por las calles, la plaza quedó inundada y todas las miradas se desviaban por el miedo. Era una sentencia drástica, aquel que callase tendría un mal destino. Eva se cubrió el rostro con la capucha de su abrigo y Astor la abrazó, simulando ser una simple pareja, hasta que estuvieron en una calle menos transitada.
—¿Cómo esquivaremos a los guardias? —preguntó Eva, con la desesperación encarnada en su piel, estaban al borde de ser descubiertos y si eran atrap