Se detuvieron para descansar en una zona donde el sol bañaba la hierba, para poder beber agua y comer algo antes de seguir. No iban a sobre exigirse, era un riesgo y podía echar a perder toda la misión. Maya miró al cielo, la claridad del celeste era alentadora.
—Parece que nos tocaran lindos días. —dijo, sonriendo. Eva estaba compenetrada mirando uno de los árboles. Un cedro, alto e imponente. —¿Sucede algo? —preguntó desconcertada, parecía que estaba en un trance.
Eva no respondió, no la oía,