Transcurría otra mañana sin novedades. Seth se despertó temprano y vigiló los alrededores, tratando de buscar un indicio de Gale o de Víctor. Luego, al regresar, controló que Felipe siguiera en su cuarto. Seguía durmiendo, como de costumbre, pero se despertó al verlo.
—Quiero desayunar. —ordenó el conde, en su tono de voz altanero que fastidiaba a todo el mundo. —Pero antes debo ir al baño.
Seth soltó un gruñido, estaba harto de atenderlo. Ahora que Gale había partido, solo él se debía encargar