La cena había sido perfecta. Amara recogía los platos mientras Dimitrios se apoyaba en el marco de la puerta de la cocina, observándola con esa mirada intensa que parecía desnudarla sin necesidad de tocarla. Su corazón latía con fuerza, y aunque intentaba mantenerse concentrada en su tarea, no podía ignorar la tensión palpable que llenaba el ambiente.
—¿Sabes? —dijo Dimitrios en un tono bajo y seductor, acercándose lentamente— No puedo decidir qué disfruté más: si la comida o verte moviéndote a