Era tarde en la tarde, y la oficina de Dimitrios estaba vacía, salvo por él y Amara. Los informes y las pilas de documentos se amontonaban en su escritorio, pero él no les prestaba atención. Había algo más importante en su mente. Algo que lo había estado rondando desde su llegada a Grecia.
Amara estaba sentada frente a él, mirando por la ventana con una expresión pensativa, aunque su belleza seguía iluminando la habitación con su presencia. Su mirada era seria, como si estuviera considerando al