Amara estaba en el vestíbulo del auditorio, sosteniendo su birrete en las manos, sintiendo cómo las emociones luchaban por apoderarse de ella. Las conversaciones a su alrededor eran un murmullo lejano, pero su mente estaba en un solo lugar: Dimitrios. No entendía por qué había estado tan ausente ni por qué no había vuelto como había prometido. Su mente, llena de dudas, no dejaba de dar vueltas sobre lo que había sido su relación, lo que había comenzado tan intensamente y de manera tan prometedo