El sol comenzaba a ponerse en la orilla, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados. El sonido de las olas chocando suavemente contra la arena era la única música que acompañaba el tranquilo momento que compartían en el balcón del hotel. Amara observaba el mar, sumida en sus pensamientos. Los últimos meses habían sido una montaña rusa de emociones, y aunque había encontrado su equilibrio con Dimitrios, había algo que la mantenía inquieta: la distancia entre ellos.
Dimitrios se acercó a ella de