Dimitrios, aún perdido en sus pensamientos y con la determinación de luchar por lo que sentía por Amara, apenas notó que sus padres se miraban entre sí con una sonrisa cómplice. Nikos, su padre, fue el primero en romper el silencio, con un tono juguetón, mientras María, su madre, contenía una risa ligera.
—Entonces, hijo... ¿tienes alguna foto de la mujer que te ha robado el corazón? —preguntó su padre, levantando una ceja y sonriendo de forma traviesa.
Dimitrios los miró, algo sorprendido por