Déjame amarte.
Punto de vista de Lila
No se apartó después de ese último beso.
Se quedó ahí mismo, frente contra frente, respirando entrecortado y difícil. Sus manos me sostenían la cara como si estuviera hecha de cristal soplado, los pulgares rozando las lágrimas que ni siquiera sabía que estaba derramando. Odiaba que fuera tan suave. Odiaba que mi cuerpo se inclinara hacia él, que mis labios aún hormiguearan por aquel beso blando y devastador.
—Te odio —susurré por lo que parecía la centésima vez, pero la