Mundo ficciónIniciar sesión—¿Ambos? —susurré para mí misma, la pregunta flotando en el aire viciado. El agotamiento finalmente ganó la batalla: me salpicé la cara con un puñado de agua fría del lavabo y me derrumbé en la estrecha camilla del rincón, demasiado agotada para molestarme con los frascos de analgésicos tan bien ordenados por Bianca.
El amanecer llegó no con silencio, sino con el chirrido agudo de los gorriones api







