Axara se inclinó sin pensarlo, recibiéndolo en un abrazo que la hizo sentir un calor inesperado en el pecho. Lo sostuvo con fuerza, dejando que la inocencia y la felicidad del niño la envolvieran por completo.
-Claro que vine -dijo, sonriéndole mientras acariciaba su cabello-. Estoy aquí para que me muestres esos juguetes que tienes.
Gael rió, lleno de emoción, y se separó apenas lo suficiente para mirarla a los ojos.
-¡Tengo un avión nuevo que vuela de verdad! ¡Te lo voy a enseñar ahora mismo!