El corazón de Axara se detuvo un segundo antes de girarse lentamente. Su expresión se endureció al ver de quién se trataba. Era su tía, la hermana de su padre, la misma mujer que había arruinado su vida después de la muerte de sus padres.
-¿Qué es lo que quieres? -dijo Axara con frialdad, clavándole una mirada llena de desprecio-. No tengo dinero. Tú te lo gastaste todo.
La mujer, con un falso gesto de arrepentimiento en el rostro, negó con la cabeza.
-No vengo a pedirte nada, Axara. Soy tu tía