Axara golpeó el colchón con los puños por tercera vez en la noche, frustrada hasta el borde de las lágrimas. La pequeña lámpara de su mesita proyectaba sombras suaves en las paredes, pero ni siquiera la tenue luz lograba calmar la tormenta que tenía en su interior. Miró el reloj una vez más: las dos de la madrugada. Dos malditas horas intentando dormir, y su cuerpo simplemente no cooperaba.
-¡Qué frustración! -gritó, aunque lo hizo con la voz baja, apenas un murmullo fuerte para no alertar a su