Axara llegó a su departamento arrastrando los pies, como si el peso del día aún estuviera sobre sus hombros. Apenas cruzó el umbral, se quitó los zapatos con un movimiento torpe y dejó que quedaran tirados cerca de la entrada. Cerró la puerta con el pie derecho, soltando un suspiro que resonó en el pequeño espacio. Caminó hacia el sofá y se dejó caer como si su cuerpo ya no pudiera sostenerla.
-Dios, esto ha sido un martirio... -murmuró para sí misma, cubriéndose el rostro con las manos mientra