Tessa se incorporó de golpe y cubrió su desnudez como pudo, solo para encontrarse con la atronadora mirada de Rabel. Desde la entrada, la loba la observaba furiosa, y estaba claro que había escuchado absolutamente todo y para entonces estaba al tanto de que Magnus y Tessa habían tenido sexo.
—¡No sabes tocar la puerta! —exclamó Magnus a gritos, incorporándose de la cama sin importarle su desnudez en absoluto—. Sal de aquí ahora mismo si no quieres que te arrastre por todo el lugar.
Rabel respira