RYSA
El aire nocturno de Sicilia está cargado de sal, azufre y traición. Bajo del auto con lentitud, sintiendo el calor aún tibio del motor vibrar bajo mis tacones. Mis dedos envuelven la manija de la puerta con una calma estudiada, y al cerrar, el golpe seco del metal parece sellar un destino que ya había sido firmado tiempo atrás. Gabriel desciende del otro lado, con los ojos como puñales helados, las manos crispadas en puños, la mandíbula trabada. Está molesto. No, furioso.
—Rysa… —Gruñe ape