Arnaldo tomó a Madison y se la llevó a su habitación, ella está descontrolada, llora, grita y tira al suelo todo lo que está en su cuarto.
Por fortuna, Arnaldo ya había ordenado a las niñeras que se llevaran a los niños a la casita del patio. Allí no se escucha nada de lo que ocurre en la mansión de ellos; por lo tanto, no se darán cuenta de esta pelea familiar.
—Mi amor, yo sé que te duele, pero por favor trata de tranquilizarte mi vida.
—Cállate, Arnaldo, cállate, imbécil.
Estoy segura de que