La enfermera le dijo a Arnaldo que ya puede dar la cara. El pequeño Josué corrió a los brazos de su padre cuando lo vio que venía caminando hacia ellos.
Una lágrima rodó por su mejilla y con el dorso de su mano la limpió. Está feliz de volver a tener a su hijo en brazos, pero a la vez le preocupa la reacción que sus suegros tendrán cuando él les diga que, por su culpa, Madison está dentro de ese quirófano con una bala incrustada en su pecho.
Saludó a los señores Capetillo y cuando les estaba ex