Los adultos estaban tan sumidos en su discusión que no se percataron de que su hijo había bajado y los estaba escuchando.
—Mamá, ¿por qué estás gritándole a mi papá?-. Preguntó, acercándose a ellos.
—No es nada, mi amor. Este señor ya se iba y yo me estaba despidiendo de él. Respondió ella y de reojo vio como Arnaldo se limpiaba una lágrima.
—Volveré en otro momento campeón, cuida de tu mamá y pórtate bien con ella. —pidió, con un nudo en la garganta y un dolor inmenso en su pecho.
—Mamá, dile