El hombre se estaba desesperando, Madison no se detenía y continuaba gritando y tirando patadas al azar tratando de soltarse de su agarre.
—Solo quiero confesar que me gustas. No tengas miedo, no te haré daño. Desde que mi sobrino te presentó como su esposa, te tengo ganas, mami, juro que me traes loco con tu cuerpo—. Dijo, intentando besar sus labios por la fuerza.
—Suéltame, maldito asqueroso. Tú a mí no me vuelves a poner un dedo encima—. Dijo la joven, poniendo resistencia y con una mirada