77 Heridos.
Al otro día Antonella entró a la habitación de Lorenna, la encontró en la cama acostada de medio lado, se veía muy deprimida mirando hacía la ventana.
—¿Cómo estás hija? —Lorenna con un tono de voz triste respondió:
—¿Cómo crees que estoy?
—Lo sé, solo quiero que hables conmigo, sabes que puedes desahogarte. —Su rostro se bañó en lágrimas.
—No quiero hablar, solo deseo poder dormir mucho y despertar cuando ya no sienta tanto dolor. —Antonella se sentó a un lado y le agarró la mano.
—Vas a supe