Mundo ficciónIniciar sesiónLorena no podía calmar su llanto por la desesperación, mientras, Miguel y Marc no sabían qué decirle para que la joven se tranquilizara.
—¡Ya, cállense!, ¡váyanse, no quiero verlos, sólo saben dañar las cosas! —gritó Lorena.
La joven se sentó a un bordillo de la cama mientras llevaba una mano a su pecho.
—¿Qué voy a hacer?, ¿qué voy a hacer? &mda







