El viaje en coche transcurrió en silencio.
No en calma.
No en paz.
Silencio como una tormenta conteniendo la respiración.
Sofía permanecía rígida en el asiento del copiloto, con las manos apretadas en el regazo, el pulso aún acelerado por la cafetería.
Rafael no había dicho ni una palabra.
No la había mirado.
¿Pero la tensión?
Llenaba cada centímetro del espacio entre ellos.
«Me has avergonzado».
Las palabras salieron de repente.
Cortas.
Controladas.
Sofía giró la cabeza lentamente.
«¿Qué?»
Raf