Capítulo 8.
—Si te atreves a abrir la boca, te voy a matar con mis propias manos—, amenazó Ander directamente al oído de Evangeline, una vez que todo terminó.
Sus lágrimas habían mojado los cojines y sus uñas rompieron el cuero con que estaban forrados.
—¡Ahora vete! ¡Mi esposa puede llegar en cualquier momento!—, reclamó Ander señalando la puerta.
Evangeline se levantó lentamente y con un temblor en todo su cuerpo. Estaba destruida mentalmente y solo quería salir de ahí cuánto antes.
Cada paso era inc