Capítulo 8.
—Si te atreves a abrir la boca, te voy a matar con mis propias manos—, amenazó Ander directamente al oído de Evangeline, una vez que todo terminó.
Sus lágrimas habían mojado los cojines y sus uñas rompieron el cuero con que estaban forrados.
—¡Ahora vete! ¡Mi esposa puede llegar en cualquier momento!—, reclamó Ander señalando la puerta.
Evangeline se levantó lentamente y con un temblor en todo su cuerpo. Estaba destruida mentalmente y solo quería salir de ahí cuánto antes.
Cada paso era incómodo y lleno de dolor. Le costaba mucho disimular su forma de caminar para guardar las apariencias delante de las personas en la calle.
Sintió rabia y odio. Sintió que debía ir hasta la policía y poner en la cárcel al hombre que había destruido su inocencia, pero también sintió que no podía caer en un escándalo legal en ese momento. La libertad de sus padres dependía de ese matrimonio con Lysander Scott, y no se podía arriesgar a ser descubierta.
Se sentía sola y vulnerable, encerrada en un mu