Interesante historia.
Nadia tomó el certificado con cuidado, como si fuera una criatura venenosa y leyó hasta las letras más pequeñas.
—Padre amado, esto es real.
Leo se pasó las manos por el rostro.
—Esme, te fuiste de una fiesta y volviste como la esposa de tu enemigo. Te tomaste muy en serio lo de “si no puedes con el enemigo, únetele”.
—No ayudas, Leo.
—No estoy intentando ayudar. Estoy intentando no desmayarme.
Nadia la miró con una mezcla de preocupación, horror y esa chispa de chisme que ni el amor más profun