Necesito oxígeno.
Esmeralda Rivera había sobrevivido a muchas cosas en su vida.
Pero nada, absolutamente nada, la había preparado para sentarse en un avión rumbo a San Francisco con un anillo guardado en el fondo de un bolsillo y dos mejores amigos mirándola como si estuvieran a punto de interrogarla por un crimen internacional.
Nadia estaba a su izquierda y Leo al lado de Nadia.
Ambos llevaban toda la mañana observándola en silencio, sin hacer ni un comentario sarcástico.
Eso sí era grave.
Esmeralda intentó fin